viernes, 21 de febrero de 2014
El enredo de la bolsa y la vida.
"Buen traje y buenos modales abren puertas principales", reza el dicho.
domingo, 9 de febrero de 2014
Y las montañas hablaron
- ¿Puedo contarle otra historia, bibi sahib?
- Claro que sí. -Se oyó el chasquido del mechero y el humo flotó hacia mí desde atrás.
- Bueno, pues en Shadbagh tenemos un ulema. Todas las aldeas tienen uno, claro. El nuestro se llama Shekib y conoce montones de historias. No puedo decirle cuántas sabe. Pero siempre nos ha dicho una cosa: que si le miras las palmas a un musulmán, no importa en qué parte del mundo, verás algo asombroso. Todos tienen las mismas líneas. ¿Y qué significa eso? Pues significa que las líneas de la mano izquierda de un musulmán forman el número arábigo ochenta y uno, y de la mano derecha el número dieciocho. Réstele dieciocho a ochenta y uno, y ¿cuánto da? Pues sesenta y tres. La edad del Profeta cuando murió, que la paz sea con Él.
Me llegó una risita.
- Pues resulta que, un día, un viajero que iba de paso se sentó a compartir una comida con el ulema Shekib, como dicta la costumbre. El viajero oyó esa historia, pensó un rato y luego dijo: <<Pero ulema sahib, con el debido respeto, en cierta ocasión me encontré con un judío, y le juro que sus palmas tenían las mismas líneas. ¿Cómo explica eso?>> Y el ulema contestó: <<Entonces ese judío era en el fondo de su alma un musulmán>>.
Y las montañas hablaron
Khaled Hosseini
- Claro que sí. -Se oyó el chasquido del mechero y el humo flotó hacia mí desde atrás.
- Bueno, pues en Shadbagh tenemos un ulema. Todas las aldeas tienen uno, claro. El nuestro se llama Shekib y conoce montones de historias. No puedo decirle cuántas sabe. Pero siempre nos ha dicho una cosa: que si le miras las palmas a un musulmán, no importa en qué parte del mundo, verás algo asombroso. Todos tienen las mismas líneas. ¿Y qué significa eso? Pues significa que las líneas de la mano izquierda de un musulmán forman el número arábigo ochenta y uno, y de la mano derecha el número dieciocho. Réstele dieciocho a ochenta y uno, y ¿cuánto da? Pues sesenta y tres. La edad del Profeta cuando murió, que la paz sea con Él.
Me llegó una risita.
- Pues resulta que, un día, un viajero que iba de paso se sentó a compartir una comida con el ulema Shekib, como dicta la costumbre. El viajero oyó esa historia, pensó un rato y luego dijo: <<Pero ulema sahib, con el debido respeto, en cierta ocasión me encontré con un judío, y le juro que sus palmas tenían las mismas líneas. ¿Cómo explica eso?>> Y el ulema contestó: <<Entonces ese judío era en el fondo de su alma un musulmán>>.
Y las montañas hablaron
Khaled Hosseini
domingo, 21 de octubre de 2012
El principito
¡La Tierra no
es un planeta cualquiera! En ella se cuentan ciento once reyes (sin olvidar,
claro está, los reyes negros); siete mil geógrafos; novecientos mil hombres de
negocios; siete millones y medio de borrachos, trescientos once millones de
vanidosos; es decir, alrededor de dos mil millones de seres humanos adultos.
Para darles
una idea de las dimensiones de la Tierra, les diré que antes de la invención de
la electricidad, era preciso mantener un verdadero ejército de cuatrocientos
sesenta y dos mil quinientos once faroleros, en los seis continentes.
Visto desde
lejos, era un efecto espléndido. Los movimientos de aquel ejército parecían los
de un ballet de ópera. Marchaban primero los faroleros de Nueva Zelanda y de
Australia. Luego, una vez que encendían sus farolillos se marchaban a dormir;
entonces venía el turno de los faroleros de China y de Siberia. Cuando estos se
escabullían entre los bastidores, llegaba el turno de los faroleros de Rusia y
la India. Después los de África y los de Europa. En seguida, los de América del
Sur. Y, por último, los de América del Norte. Jamás se equivocaban en su orden
de entrar a escena. Era algo grandioso.
Solamente el
farolero del único farol del Polo Norte y su colega del único farol del Polo
Sur llevaban una vida ociosa e indiferente, ya que trabajaban dos veces al año.
El principito
Antoine
de Saint-Exupéry
martes, 20 de diciembre de 2011
domingo, 18 de diciembre de 2011
El reino de este mundo
Ti Noel había gastado su herencia y, a pesar de haber llegado a la última miseria, dejaba la misma herencia recibida. Y comprendía, ahora, que el hombre nunca sabe para quien padece y espera. Padece y espera y trabaja para gentes que nunca conocerá, y que a su vez padecerán y esperarán y trabajarán para otros que tampoco serán felices, pues el hombre ansía siempre una felicidad situada más allá de la porción que le es otorgada. Pero la grandeza del hombre está precisamente en querer mejorar lo que es. En imponerse Tareas. En el Reino de los Cielos no hay grandeza que conquistar, puesto que allá todo es jerarquía establecida, incógnita despejada, existir sin término, imposibilidad de sacrificio, reposo y deleite. Por ello, agobiado de penas y de Tareas, hermoso dentro de su miseria, capaz de amar en medio de las plagas, el hombre solo puede hallar su grandeza, su máxima medida, en el Reino de este Mundo.
El reino de este mundo
Alejo Carpentier
lunes, 3 de octubre de 2011
Breve paseo por la National Gallery
"Aut tace aut loquere meliora silentio"
Autorretrato. Salvatore Rosa.
"La sibila de Cumas con un angelote".
The cumaean sibyl with a putto. Guercino.
*Sibila: Mujer sabia a quien los antiguos atribuyeron espíritu profético.
"Susana y los ancianos"
Susannah and the elders. Guido Reni.
"La joven maestra"
The young schoomistress. Chardin.
Autorretrato. Salvatore Rosa.
"La sibila de Cumas con un angelote".
The cumaean sibyl with a putto. Guercino.
*Sibila: Mujer sabia a quien los antiguos atribuyeron espíritu profético.
"Susana y los ancianos"
Susannah and the elders. Guido Reni.
"La joven maestra"
The young schoomistress. Chardin.
domingo, 2 de octubre de 2011
Octubre
"Querido, vuelvo otra vez a conversar contigo... La noche, trae un silencio que me invita a hablarte... Y pienso, si tú también estarás recordando, cariño... los sueños tristes de este amor extraño..."
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