martes, 15 de marzo de 2016

El gran gigante bonachón


   -Si de verdad quieres saber lo que uno hace en vuestro pueblo -dijo el GGB-, uno sopla sueños en los dormitorios de esos niños.
   -¿Soplar sueños? -dijo Sophie-. ¿Qué quieres decir?
   - Uno es un gigante soplasueños -dijo el GGB-. Cuando todos los gigantes salen galopeando a todas partes para ir a tripear guisantes humanos, uno se va corriendo a otros lugares para soplar sueños en los cuartos de los niños que duermen. Sueños agradables. Dorados sueños agradables. Sueños que hacen felices a los soñadores.



 

domingo, 28 de febrero de 2016

La fe descubridora

Por  intermedio de los frailes de la Rábida, el Almirante conoció a los prestigiados marinos del clan Pinzón de Palos y a los Niño de Moguer. Estos resultaron decisivos a la hora de reunir a los que se requerían para tripular los barcos y el avituallamiento necesario para tan larga expedición.

"En la tarde del 2 de agosto embarcaron las tripulaciones. Al día siguiente, bien temprano, comulgó Colón y se embarcó en seguida. En el nombre de Jesús dio orden de levar anclas y largar los aparejos. Faltaba media hora para la salida del sol, y los gallos de Palos no cantaban aún". (Björn Landström).


sábado, 28 de noviembre de 2015

Diez negritos

Diez negritos se fueron a cenar. Uno se ahogó y quedaron: Nueve.
Nueve negritos trasnocharon mucho. Uno no se despertó y quedaron: Ocho.
Ocho negritos viajaron por Devon. Uno se escapó y quedaron: Siete.
Siete negritos cortaron leña con un hacha. Uno se cortó en dos y quedaron: Seis.
Seis negritos jugaron con una colmena. A uno de ellos le picó una abeja y quedaron: Cinco.
Cinco negritos estudiaron derecho. Uno de ellos se doctoró y quedaron: Cuatro.
Cuatro negritos se hicieron a la mar. Un arenque rojo se tragó a uno y quedaron: Tres.
Tres negritos se pasearon por el zoo. Un oso los atacó y quedaron: Dos.
Dos negritos estaban sentados en el so. Uno de ellos se quemó y quedó: Uno.
Un negrito se encontraba solo Y se ahorcó, y no quedó ¡ninguno!

sábado, 23 de mayo de 2015

Matar a un ruiseñor

Cuando nos regaló los rifles de aire comprimido, Atticus no quiso enseñarnos a disparar. El tío Jack nos instruyó en los rudimentos de tal deporte, y nos dijo que a nuestro padre no le interesaban las armas. Y Atticus le dijo un día a Jem:

    -Preferiría que disparaseis contra botes vacíos en el patio trasero, pero sé que perseguiréis a los pájaros. Matad todos los arrendajos azules que queráis, si podéis darles, pero recordad que matar un ruiseñor es pecado.