domingo, 18 de diciembre de 2011

El reino de este mundo

Ti Noel había gastado su herencia y, a pesar de haber llegado a la última miseria, dejaba la misma herencia recibida. Y comprendía, ahora, que el hombre nunca sabe para quien padece y espera. Padece y espera y trabaja para gentes que nunca conocerá, y que a su vez padecerán y esperarán y trabajarán para otros que tampoco serán felices, pues el hombre ansía siempre una felicidad situada más allá de la porción que le es otorgada. Pero la grandeza del hombre está precisamente en querer mejorar lo que es. En imponerse Tareas. En el Reino de los Cielos no hay grandeza que conquistar, puesto que allá todo es jerarquía establecida, incógnita despejada, existir sin término, imposibilidad de sacrificio, reposo y deleite. Por ello, agobiado de penas y de Tareas, hermoso dentro de su miseria, capaz de amar en medio de las plagas, el hombre solo puede hallar su grandeza, su máxima medida, en el Reino de este Mundo.

El reino de este mundo
Alejo Carpentier

lunes, 3 de octubre de 2011

Breve paseo por la National Gallery

"Aut tace aut loquere meliora silentio"

Autorretrato. Salvatore Rosa.











"La sibila de Cumas con un angelote".

The cumaean sibyl with a putto. Guercino.











*Sibila: Mujer sabia a quien los antiguos atribuyeron espíritu profético.

"Susana y los ancianos"

Susannah and the elders. Guido Reni.












"La joven maestra"

The young schoomistress. Chardin.

domingo, 2 de octubre de 2011

Octubre

"Querido, vuelvo otra vez a conversar contigo... La noche, trae un silencio que me invita a hablarte... Y pienso, si tú también estarás recordando, cariño... los sueños tristes de este amor extraño..."

miércoles, 3 de agosto de 2011

Crimen y castigo

Raskolnikov apartó con la mano el agua, y despacio, con pausa, pero distintamente dijo:
- Es que yo fui quen mató a aquella vieja viuda de un funcionario y a su hermana Lizaveta con el hacha para robarla.
Ilia Petróvich abrió la bca. De todos lados acudió gente. Raskolnikov repitió su declaración...

                     Crimen y castigo
                     Fiodor Dostoievski



miércoles, 13 de julio de 2011

Los ciclos lunares

El número trece era muy significativo. Son trece las lunas de un año solar. Trece menstruaciones. Trece las casas del calendario sagrado de los mayas y mexicas. Cada una de las casas la integraban veinte días y la suma de trece casas por los veinte días daban un resultado de doscientos sesenta días. Cuando uno nacía, tanto el calendario solar de trescientos sesenta y cinco días como el sagrado, de doscientos sesenta días, daban inicio y no se volvían a empatar hasta los cincuenta y dos años. Un ciclo completo donde nuevamente se daba inicio a la cuenta.

Si se suman el cinco y el dos, del número cincuenta y dos se obtiene un siete, y siete también es un número mágico porque son siete los días que integran cada una de las cuatro fases de la luna. Malinalli sabía que los siete primeros días, cuando la luna se encontraba entre la tierra y el sol, estaba oscura pues la luna nueva apenas se hallaba a punto de surgir, era el momento de estar en silencio para que todo aquello que estuviera por nacer lo hiciera libremente, sin ninguna interferencia. Era el mejor momento para <<sentir>> cuál debía ser el objetivo principal de la actividad que uno tenía que realizar en el siguiente ciclo lunar. Era el nacimiento del propósito. Los próximos siete días, cuando la luna salía a mediodía y se ponía a medianoche, mostrando sólo medio rostro, era el momento de avanzar en dichos propósitos. Cuando la luna se encontraba al lado de la tierra y reflejaba plenamente los rayos del sol sobre su superficie, era el momento de celebrar y compartir los logros obtenidos, y los últimos siete días, cuando la luna mostraba la otra mitad de su rostro, era momento para recapitular sobre todo lo obtenido en esos veintiocho días.

Todas estas nociones del tiempo son las que acompañaban a cada ser humano desde el momento en que nacía.

            

                                                   Malinche
                                            Laura Esquivel

domingo, 10 de julio de 2011

Magia


El prestidigitador
El Bosco

<<Quien escucha a ilusionistas pierde dinero y se gana la mofa de los chiquillos>>